jueves, junio 24

Stella Johnson – Documentando la vida en los pueblos

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Stella Jonhson es una fotógrafa documental y educadora greco americana. Conocida por sus retratos íntimos de la vida rural alrededor del mundo. Ella ha fotografiado y mantenido una relación duradera con familias en las comunidades de Oaxaca, México, el noreste de la Sabana en Camerún, África oriental y la costa del caribe en Nicaragua. Actualmente se encuentra en Oaxaca enseñando y haciendo sesiones de crítica para la Lesley University College de Arte y Diseño. A continuación compartimos lo que hablamos con Stella Johnson.

¿De dónde viene tu amor por la fotografía documental? ¿Hay alguna imagen en particular que haya desatado tu pasión por la fotografía?

Siempre tuve curiosidad por la cultura y la forma de vivir, por lo que mi decisión de convertirme en fotógrafa documental cobró sentido. Se me facilita hablar con todo tipo de personas. Cuando era más joven y trabajaba en el mundo corporativo interactuaba tanto con los jefes como con los que manejaban el elevador. Cuando tenía 17 años fui a Grecia y conocí el libro “El portafolio Griego” de Constantine Manos. El trabajo de Manos fue una gran influencia para mí ya que las mujeres que fotografiaba en las aldeas griegas se parecían a mis abuelas, también soy griega. Mi abuela tenía una cámara Brownie y siempre tomaba fotos familiares. En Grecia me conecté con la gente y la cultura inmediatamente.

¿Cómo te definirías a ti y a tu trabajo?

Me considero fotógrafa documental y educadora. He desarrollado mi propio estilo en estas dos áreas a lo largo de mi carrera, en la cual llevo 35 años.

Como fotógrafa comercial en Boston trabajé para la Fundación Ford, la revista Fortune, las aerolíneas continentales así como en diferentes hospitales, bancos y universidades.

En mi trabajo personal he fotografiado y establecido relaciones largas con familias en los pueblos de Oaxaca en México, el Noreste de la Sabana en Camerún, África oriental y la costa del caribe en Nicaragua. En muchos sentidos haber vivido en estas comunidades y tener la oportunidad de conocer personas como mis amigos Bouba, Faviola y Carmelita ha sido más importante para mí que hacer fotografías o la elaboración de mi monografía “AL SOL”.

Dedicarme a la fotografía documental es mi manera de contar historias. Estoy narrando mi historia a través de imágenes de la vida cotidiana. Tengo la esperanza de que otros también puedan identificar un pedazo de su historia con estas imágenes, ya que son imágenes de las historias de la cultura, las comunidades y la familia. La luz, la vida y la identidad son elementos muy importantes en mi trabajo. Al ser criada como greco-americana de segunda generación, no como una americana griega. He combinado estas dos culturas.

Mientras investigaba la cultura mexicana me llamaron la atención las comadres y la manera en la que se apoyan entre ellas. Vienen de pueblos parecidos a los de mis abuelas. Me involucré muchísimo con unas cuantas familias, tanto así que me convertí en comadre y en madrina de sus hijos. Celebramos varias fiestas de quince años, así como Navidad, Año Nuevo, cumpleaños. Terminé convirtiéndome en parte de la comunidad.

Como educadora enseño un curso de introducción al video digital y análogo, también doy clases de fotografía documental en Boston, Havana, Oaxaca y en Creta para la Lesley University College de Arte y Diseño, la Universidad de Boston y Maine Media Workshops. La perspectiva que tengo sobre la fotografía documental está cambiando constantemente. Aliento a mis alumnos a trabajar de manera conjunta con sus materias, a pedir permiso y para trabajar en equipo. Recientemente he incluido retratos, paisajes y fotografías de naturaleza muerta dentro de mi portafolio, cosas que no hubiera considerado hace 20 años.

Photo: Stella Johnson

Con respecto a la fotografía documental ¿quiénes te han influido? ¿El trabajo de quién admiras?

Josef Koudelka, Antonin Kratochvil, Constantine Manos y Dirty Harry

He leido que como a tus veinte años manejaste a México, ¿nos puedes platicar un poco sobre esta experiencia?

Quise hacer un viaje en carretera, de manera que podría visitar pueblos lejanos, similares a los pueblos en donde nacieron mis abuelas griegas. Viajé por México durante muchos años en búsqueda de mis abuelas y en 2008 con la ayuda de la Universidad de Maine Press terminé publicando “AL SOL: Fotografías de México, Camerún y Nicaragua”. Ese viaje me dio la libertad de ir al lugar que yo quisiera y me ayudó a definir el estilo de mi trabajo. Fue un privilegio “perderme” como cantaría Chet Baker. Aún conservo ese estilo de vida un poco nómada. Me mudo seguido y estoy cómoda con el cambio. A pesar de que últimamente he regresado a lugares que me son familiares, iré a Colombia por primera vez en febrero de 2018, con el programa Fulbright en Medellín.

¿Cómo terminaste en Oaxaca la primera vez y qué es lo que te ha hecho regresar?

A finales de los 80’s leí sobre el barro negro y quise ver cómo se hacía, así que viajé a San Bartolo Coyotepec, en donde conocí a Juana Mateo en el jardín de su casa y le pregunté si podía fotografiarla con su familia. Dudo que alguien lo permitiera hoy en día. Tenía un rollo fotográfico SX 70 así que hice imágenes para que su familia las conservara. Los visité todos los días durante tres semanas y todos lloramos cuando me tuve que ir. Les escribía cartas y les enviaba fotografías, de manera que regresé el siguiente año y el siguiente y el siguiente. Las relaciones que he forjado me han hecho regresar a los mismos lugares. Siempre se trata de la gente.

Oaxaca es un lugar muy estimulante visualmente ¿Qué te llama más la atención?

La luz del atardecer, la arquitectura, los colores de las construcciones y las artesanías de todos los pueblos.

Photo: Stella Johnson

¿Qué crees que tiene la vida de los pueblos que suscita en ti esa fascinación?

Cuando tenía 17 visité las aldeas griegas en donde nacieron mis abuelas y quedé boquiabierta. Todos mis abuelos emigraron a los Estados Unidos para huir de la guerra y del hambre. Tengo entendido que no tenían electricidad ni agua así que quise saber más sobre cómo habían sido sus vidas, así nació mi interés por la vida de los pueblos ¿cómo es que alguien puede vivir sin agua o electricidad? Crecí en un suburbio de clase media en Boston, así que no podía imaginarme cómo era esa vida. Tenía que verlo y vivirlo. Prefiero vivir en pueblos pequeños y me gusta estar cerca de la tierra, las gallinas, las vacas y las ovejas, como es el caso en las montañas de Grecia. Ahí tienen huevos frescos, quesos caseros y la mayoría de los pobladores son granjeros autosustentables, así que tienen tomates, pepinos, calabazas y por supuesto, vino en el caso de Grecia y mezcal en Oaxaca. Es una forma de vida orgánica y autosustentable.

Anteriormente mencionaste que vivías con la gente mientras documentabas sus vidas ¿cómo hiciste el contacto inicial? ¿Qué te ha ayudado en ese proceso?

Investigo muchísimo. Algunas veces conozco a alguien que conoce a alguien o me aviento a ir y hablo con la gente de manera que nos vamos conociendo poco a poco. Mi proceso se va cocinando a fuego lento, no se da de la noche a la mañana. Las personas a las que he fotografiado me tienen que conocer primero, así como yo a ellos. Al final se convierte en una colaboración, ya que ellos saben que yo estoy ahí, están conscientes y participan, sin importar qué tan activa sea esa participación. Vivo con la gente y fotografío lo que hacen. Fotografíe el sacrificio de animales en Grecia también he fotografiado el pisado de las uvas para hacer vino. Estas son mis raíces, ellas dictan el rumbo de mi trabajo.

La única manera en que me siento cómoda realizando fotografías fuera de casa, en otra comunidad, es relacionándome. Mi trabajo se trata de eso. El riesgo de apropiarte o usar otra cultura a través de las fotografías viene cuando sólo trabajas con lo más superficial de la comunidad y no te relacionas con la gente. Mi trabajo crece cuando me relaciono con la gente y tenemos un vínculo íntimo. Gracias a estas relaciones soy quien soy el día de hoy. Las fotografías son simplemente una consecuencia de las relaciones. Cualquier rasgo auténtico que se pueda encontrar en las fotografías proviene de la cercanía que tengo con estas familias e individuos.

Las personas a las que fotografío son como mi familia, así como yo lo soy para ellos. Estos son proyectos a largo plazo que durarán una eternidad, para ellos y para mí. Hace 30 años, cuando visité por primera vez un pueblo en México, sólo había un teléfono que servía en toda la comunidad. Hoy soy amiga en Facebook de todos los niños a los que les tomé fotos, ahora son adultos con hijos.

La última navidad regresé a comunidades en México en donde he estado tomando fotos desde 1990. Sabía que Carmelita, la gran abuela estaba envejeciendo y quería verla antes de que muriera. Tuvo un accidente mientras estuve ahí, algo así como un derrame. A la mañana siguiente le tomé una fotografía junto a su nieto, Héctor, acostado en la cama con ella, acompañándola mientras todos los demás pensaban qué debían hacer para ayudarla.

Photo: Stella Johnson

Cuando las personas de las comunidades ven las fotografías que les has tomado ¿cómo reaccionan?

Las reacciones varían, van desde sorpresa, hasta alegría o pena, sin embargo, nunca publico nada sin su permiso. En Grecia hago que los niños me presenten a sus papás para pedirles permiso antes de publicar alguna fotografía. Las familias tienen fotos de hace décadas que van desde cumpleaños hasta momentos cotidianos, momentos efímeros que se viven y se suelen olvidar. Todas estas cosas son documentadas y se las regalo en pequeñas impresiones.

¿Cómo encuentras la inspiración en esos lugares que ya has visitado o fotografiado muchas veces? ¿Cómo le haces para seguir viendo las cosas “nuevas”?

Regresar a los mismos lugares de cierta manera me da ventaja, ya que conozco a las personas y la situación, lo que cambia es la luz dependiendo de la estación del año. Las paredes también están pintadas con colores diferentes y las casas son remodeladas, los niños crecen. Todo es nuevo, pero de cierta manera es lo mismo y es acogedor.

¿De qué manera ha cambiado tu trabajo desde la primera vez que fotografiaste en México?

Mis fotografías han cambiado drásticamente desde los 80’s, cuando usaba una cámara Leica M-6 y rollos Tri-X. Ahora trabajo con cámaras a color de Leica y Sony y con mi iPhone, la cámara que siempre tengo a la mano. Cuando gastaba cientos de rollos fotográficas solía pasar por alto detalles, ya que no quería procesar el rollo, ahora fotografio paisajes, reflejos, colores, climas y autorretratos (selfies), cosas que nunca salen a la luz pero que me dan mucha alegría.

Photo: Stella Johnson

Has impartido talleres en el Centro Fotográfico Manuel Álvarez Bravo durante muchos años ¿cómo comenzaste? ¿podrías hablarme un poco de ellos?

Estoy encantada de realizar sesiones de crítica y exhibir el trabajo de mis estudiantes de la Universidad de Lesley en el Centro Fotográfico Manuel Álvarez Bravo. Es una clase de tres créditos, no un taller; y siempre estamos contentos de invitar a estudiantes del CFMAB para que tomen nuestra clase a cambio de ayudar a nuestros estudiantes y a los habitantes de las comunidades, quienes han estado recibiendo a mis estudiantes durante 20 años.

¿Por el momento tienes algún proyecto?

Estoy tomando fotografías en Grecia, el lugar de nacimiento de mis abuelos y espero publicar un libro con este trabajo el próximo año o quizá en dos años. Pueden ver mis fotografías en mi sitio web o en instagram:

www.stellajohnson.com/zoe/
www.instagram.com/stellajohnson/

Photo: Stella Johnson

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