Saúl López Velarde

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¡Por favor que alguien piense en los niños!. En una época donde pocos cuestionan el impacto que nuestras acciones tendrán sobre las generaciones futuras, el artista-activista-elemento móvil oaxaqueño, Saúl López Velarde, invita a los niños de la Central de Abastos a subirse al Balcón. Desde ahí, los niños pueden ver todas las posibilidades que se despliegan ante su propio “performance de la vida”. Pero Saúl no lo hace sólo por el futuro, sino por el presente, por lo que acontece: también hay adultos entre los balconeados. López Velarde tiene una mágica y potente manera de generar acciones, que más que transicionales son trascendentales. En esta entrevista sabremos más sobre lo que lo impulsa a él y a sus proyectos.

¿Cómo te defines a ti y a tu trabajo?

Pues me definiría como un sociólogo apartado de la academia. Tengo el interés particular en los procesos y los proyectos que hablan acerca de la emancipación intelectual y de la comunidad como un recurso para identificarnos todos inteligentes.

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El performance es una constante en tu quehacer ¿Cómo nació esa pasión?

Nace de estudiar sociología, al conformar un proyecto de investigación. Encontré que dentro de la sociología podemos ver el concepto de performance, de lo realizativo, de lo que acontece. Se trata de un concepto no terminado, es algo que se va llenando a partir de quien habita ese mismo concepto. Después empecé a ejecutar performance artístico, y me di cuenta que el “performance de la vida” era el que más me interesaba. Luego me ligué a otros conceptos, como teatralidades, y entendí que la performatividad y la teatralidad iban de la mano, y que se podrían generar muchos proyectos a partir de eso.

A partir de esta teatralidad ¿Cuál es la primera imagen que despertó tu interés por el arte performativo?

Recuerdo a un señor que escribía sobre una puerta metálica de una casa. Eran las 12 del día y la puerta estaba muy caliente. Él escribía con saliva sobre esa puerta, y en tanto iba escribiendo, se iba borrando. Me pareció una acción y una idea fantástica el que haya una escritura que se borra, que es lo que acontece, lo que está en ese momento.

Si hay una posibilidad que los niños descubran que ellos tienen una voz, que ellos pueden bailar, pintar, que pueden pensar; ser escuchados y vistos, entonces todo cambia.

¿Qué es lo que más te gusta de haber nacido y vivir en Oaxaca?

Pues mi origen, porque soy de Oaxaca. porque mis padres, mis abuelos y bisabuelos son de Oaxaca. Vengo de una familia de orfebres, artesanos. Tengo una gran admiración por toda mi familia y porque han generado cosas acá.  Me gusta también tener una referencialidad íntima de la ciudad, saber cómo eran los chiflidos, recuerdos de mi infancia en el zócalo, o en Santo Domingo. Hay cosas muy particulares de Oaxaca que vas conociendo.

¿Cuál es tu papel como artista y activista en Oaxaca?

Creo que el límite me ha interesado mucho, siento que soy un elemento móvil. No tengo bronca de relacionarme con quien sea, y eso me permite sobrepasar el límite, o estar en él, o respetarlo. Entonces creo que soy un descubridor de la emancipación, o sea, descubrí que todos somos iguales en un sentido. Eso me liberó. Sí pienso que mi labor tiene que ver con el activismo, pero también con una postura ética. La energía no se te va en ver lo que haces, sino en resolver aquello que estás haciendo.

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En la Central de Abastos tienes un proyecto en especial que es una joya, El Balcón ¿nos platicas un poco?

Es un proyecto que nació a partir de un diplomado sobre la urgencia del teatro. El Balcón está inspirado en un texto homónimo de Jean Genet. Le Balcón es un burdel en donde se da la representación del poder, y donde lo interesante en realidad es ver dónde nos colocamos a nosotros mismos en el poder. Siempre existe el poder y nuestro interés era ver cómo se armaba el performance del poder en una situación o lugar dado. Elegimos la central de abastos y bueno, es que empezamos bien raro…veníamos con la idea, un poco chilanga* la verdad, de hacer teatro de comunidad. Pensábamos que íbamos a obtener una pieza en unas horas… Ahora ya no pienso así, pero al principio nosotros queríamos hacer un casting en donde los locatarios generaran un acting out, una improvisación sobre la representación del poder. Hoy uno de nuestros propósitos es detonar teatralidades, acciones exacerbadas, que tienden más hacia el arte y el performance, así como generar una especie de activismo.

¿Por qué elegiste la Central de Abastos?

Necesitábamos un lugar con una entropía densa, donde tendiera a liberarse alguna energía por sí misma. Pensamos que la central era el mejor lugar porque había una distribución particular de lo público y de lo privado. Día con día hay más de 12,000 locatarios; es un microcosmos que representa a nuestro país. En este mercado condensado vemos el sistema en su totalidad: el capitalismo y la resistencia, los límites…

¿Cuál es el reto más grande que te ha tocado en la Central con El Balcón?

Nuestro reto fue ganarnos el interés de la gente del mercado. Lo primero que hicimos fue una mascarada, un merolico que vendía máscaras afuera de la administración del mercado. No funcionó porque era muy teatral, muy absurdo. Entonces decidimos involucrar a la comunidad activamente e hicimos una encuesta sobre ¿quién era el más poderoso de Oaxaca, de México y del mundo?. Después hicimos máscaras de los personajes más votados y esos “poderosos” visitaron el mercado de abastos. Logramos muchas risas y  bromas. Quedó establecido que hablábamos del poder, y la gente veía y se divertía.  Apelamos a la mirada, a una teatralidad que se generaba a partir de nuestro actuar y de la libre inactividad del locatario.

Parece que la historia del Balcón sigue el flujo de lo inesperado, ¿cómo desarrollaron los talleres que ofrecen?

Los talleres se establecieron bien loco, por una amiga japonesa que no podía llevarse todos los libros que tenía. Dentro de esta idea estilo chilanga banda que mencioné antes, queríamos motivar algo pesado en el mercado, así que le dijimos “ven a vender aquí tus libros y a ver si te quitan”. Pero no, al contrario, fue increíble, los niños se acercaron, veían los libros en Kanji y  decían “pero no los puedo leer”  (ora si que estaban en chino…) Entonces ella les propuso hacer origami con los libros y  los niños se viajaron con el origami. Además, se estaba tocando un territorio sensible, se estaba compartiendo desde una diferencia cultural, desde “la otredad”. En ese momento empezó nuestro trabajo, empezamos a hacer taller de gráfica, fotografía, artes visuales, cine. Fue así como el balcón empezó detonando “acciones transicionales”, cuyo fin era lograr actividades creativas que detonaran confianza con la comunidad y produjeran un impacto positivo. Por otro lado, la dramaturgia o performance se fue desenvolviendo a partir de nuestra estancia.

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Entre las  acciones transicionales del Balcón está el Diablito de los Libros, una biblioteca itinerante ¿cuál es su propósito?

Es muy difícil mantener el ritmo del balcón. Entonces queríamos algo establecido que mantuviera la confianza mucho tiempo. Que fuera fijo pero móvil, que no diera temor y sobreviviera al repudio o a la aprobación. Entonces pensamos en una biblioteca transeúnte que atravesara la central de abastos y colonias aledañas, llevando libros con una selección muy particular. La lectura se ve como algo bueno, se detona a partir del arte y genera confianza y comunidad (porque se lee en conjunto). Así que empezó a andar el diablito. La gente se asomaba y preguntaba, “¿cuál es El diablito de los libros?, pensaban que era una obra de teatro y cuando lo veían decían “ahhhh, es un diablo de carga*” jajajajaja…

¿Cuál es la lectura preferida de los niños?

Hay un libro,“Donde viven los monstruos”. Ese se ha consultado 20,500 millones de veces, se ha deshilachado, A los niños les encantan los monstruos, los que se portan mal, las cochinadas. También siguen los libros de imágenes, de animales. Las lecturas largas no son nuestro hit, son lecturas breves, de impacto. Los libros que se pueden representar son fantásticos porque se da mucho la lectura de comprensión. Por supuesto, en el Diablo también se encuentra El Balcón de Jean Genet, para que la gente interesada pueda desentrañar el sentido de este activismo.

¿Qué cambio has percibido gracias al Balcón y en quiénes?

En los niños y sus papás. Cuando los niños están en un taller se llevan mejor, socializan, comparten memoria, van creciendo y se llevan mejor.  Concretamente, se ha detonado confianza con las artes. La gente ya no siente temor de que haya una obra de teatro, la música la aceptan muy bien, de por si el mercado acepta bien la música. Queríamos mostrar que dentro del mercado de abastos hay esas mismas dinámicas, organización, círculos de confianza, y que nosotros sólo llegamos a parasitar. Es más, el balcón se llama así: “El Balcón, dispositivo parasitario de la Central de Abastos”.

¿Te han tocado niños que trabajan ahí?

La mayoría de los niños trabajan, aunque no se puede decir que trabajan y eso, a mi parecer, invisibiliza su trabajo. Dado que “está prohibido que los niños trabajen”, entonces nadie dice que los niños trabajan, “no, ayudan”… Algunos también sufren explotación. Por eso los niños necesitan tener actividades en el mercado, así como ir a la escuela. No es una regla, pero entre más tiempo pasan los niños en el puesto, más trabajan. Sin embargo, gracias al trabajo los niños se sienten parte del mercado y ayudan a sus papás. De este modo son parte de la comunidad, porque es una comunidad de trabajo en donde se les prepara para la vida.

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En Oaxaca hay muchos desafíos educativos ¿Crees que iniciativas como la tuya pueden regenerar la educación si las escuelas oficiales las incorporaran?

Sí, por supuesto. Hay que incorporar a los padres de familia a la escuela, incorporar a la sociedad civil a la escuela; sería fantástico. Se ve claramente que estos tipos de proyectos funcionan para generar discusión y  procesos que no vienen dentro de un programa de escuela. El arte es el espacio por excelencia de la libertad y del conocimiento personal, en la mayoría de los casos. No sé en qué momento se le dio al estado todo la responsabilidad de la educación de los niños.

¿Consideras que has roto convenciones o has traído algo innovador a Oaxaca y su manera de involucrarse con el arte?

En teatro hay 4 convenciones: texto, dramaturgia, escenario, actores y público. Las hemos roto todas. Los actores no son actores, son público, el texto no existe, se construye en el momento de la acción; el espacio es fuera de lo convencional.  Nos apartamos de la convención para verla,  apelamos a la contradicción y  al acontecimiento.

En el plano social, pues también se ha roto el paradigma de eso que somos, de eso que todos dentro y fuera del mercado creen que son. Se ha roto la idea de que los niños no tienen voz propia, de que no hay niños en la central de abastos. Se ha roto esa tentativa de verlos con conmiseración, sino más bien se habla de las posibilidades que existen para ellos.

Yo pensé que desde la Central de Abastos no se podía llegar a las instituciones más poderosas del estado y del país. Me equivoqué. Todos han intervenido para aquellos que no tienen y que supuestamente carecen de poder. Qué irónico es el poder y lo convencional…

Dentro de la cultura oaxaqueña del festejo hay muchos actos performativos colectivos (mayordomías,calendas*) ¿Crees que el arte performativo trasciende estas celebraciones?

Sí, va mucho más allá, va hacia el territorio de la vida. En general lo performativo es lo que se siente, lo que se vive y actua. Además, los procesos comunitarios en Oaxaca  existen claramente en la organización de los pueblos, en las escuelas y los mercados, durante las asambleas y las fiestas. Oaxaca tiene una cultura performativa.

Si tuvieras que hacer un performance y ser un puesto de la central de abastos, ¿cuál serías?

Son muchos, pero si elijo uno sería el de la piratería. Tiene todas las posibilidades, hay una pantalla y muchas películas, sonidos, historias… La gente se acerca a ver, tiene un índice amplio de comunicación a partir de una luz, de una electricidad que se convierte en algo fantástico. Además es un poco chueco, clandestino, plasma la maldad, la oscuridad, la traición, el robo, pero lo plasma con cierta belleza. Es interesante acercarse a la belleza de aquello que está relegado, que no se dice. Es importante reconocer todo el conocimiento que hay en aquello.

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Al estar frente al público ¿qué sientes? la atención ¿te abruma, te pone nervioso o te inspira?

Miedo y vértigo, como que te caes en una cosa que no tiene fondo, que está ahí pero que no llegas, eso siento casi siempre. Después de ese vértigo, de ese estado alterado de pérdida y de soltura, hay un límite. Cuando pasas el límite no se sabe que hay, y entonces empieza un estado de percepción fuerte…

¿Algún deseo para Oaxaca?  

A mi me gustaría que la ciudad tuviera presente a las minorías, que fuera para los niños; que pudieran salir a la calle libremente y sin riesgos. Que los sordos y los ciegos pudieran pasear y tener transporte. Que las mujeres no fueran ofendidas ni tuvieran el riesgo de ser violentadas. Me gustaría tener una mejor ciudad con más parques, que el espacio público fuera el espacio de todos y no sólo se construyeran cosas con fines políticos. Y ya de modo más concreto, hay que pensar en los mercados, no sólo su infraestructura es importante, también hay que pensar en la comunidad que vive en los mercados, que es igual a lo que sucede en la ciudad. Deseo que los niños tengan suficiente espacio, un parque, una zona verde, un lugar para que tanto compradores, como locatarios puedan descansar. Que haya un abasto eficiente de agua y buen drenaje. Esa sería la onda, un mercado más vivible.

 

*Chilanga: Coloquial. Que es de o vive en la Ciudad de México

*Banda: Coloquial. Grupo de amigos

*Calenda: En Oaxaca, desfile festivo donde hay marmotas gigantes, banda musical y   mezcal. Se acostumbran para celebrar fechas o momentos importantes (bodas, fiestas patronales, graduaciones).

*Diablito. Coloquial, mexicanismo. Carretilla de carga.

www.elbalconcentralabastosoaxaca.blogspot.mx

Edición del video:  Efraín Velázquez.

 

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