jueves, junio 24

La Muerte A Través del Arte

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Resulta fascinante reflexionar sobre los valores intangibles de una sociedad que la colocan como modelo, u obra maestra, dentro del Patrimonio Mundial, Cultural y Natural de la Humanidad establecido por la UNESCO. Tal es el caso de la celebración del día de muertos en México. Si la muerte es el abismo al que, inevitablemente, desemboca la línea de continuidad de la vida, entonces una celebración de la misma deberá, en principio, unir el júbilo por su presencia y la angustia por su inevitabilidad. La sola idea de una celebración cargada de angustia suena incomprensible, pero si ésta misma idea resultara fugaz, quizá la angustia también podría aligerarse. La fugacidad es un elemento esencial para la celebración de esta fecha, y el símbolo que mejor la representa es la flor de cempoalxóchitl o cempasuchil, cuyo tiempo de floración se da entre agosto y noviembre. El festejo se lleva a cabo, justamente, el 1 y 2 de noviembre.

Las prácticas prehispánicas celebratorias de la muerte son muy diversas entre las culturas originarias de México. Estas van desde los bailes y representaciones festivas, hasta la convivencia más íntima y familiar con los muertos. En Oaxaca toman lugar todo tipo de festejos, desde los más eufóricos; en donde miembros de comunidades beben y danzan por días, hasta los más sencillos; como la confección de los altares en casas y escuelas. En las celebraciones no puede faltar la comida tradicional como el chocolate, el pan de muerto y el mole. Sin embargo, es posible que uno de los puntos más decisivos para fijar la tradición en la conciencia colectiva sea el templo de veneración a la muerte, la zona arqueológica de Mitla. El “Mictlán,” lugar de los muertos en Náhuatl, fue construido en la zona norte del valle de Tlacolula. Sus características geográficas son muy peculiares porque el viento erosiona ese espacio límite entre el valle y la montaña, es decir, simbólicamente los muertos ocupan la tierra donde no crece nada.

Rosas IV por HDDN


Esta fiesta es tan pagana como religiosa, pues su origen está en las tradiciones prehispánicas, pero también se desprende del sincretismo con las celebraciones católicas de “Todos Santos” y “Fieles Difuntos. Justo por eso, ocupa un lugar especial en el ámbito artístico. A nivel nacional, José Guadalupe Posada acuñó el uso de “las calaveritas” para desarrollar una iconografía que ilustraba atinadamente los momentos críticos de la política que culminaron en la Revolución Mexicana. Además de enmarcar uno de los momentos clave de la historia del país, las también llamadas “calacas” permitieron proyectar la osamenta humana, común a todos nosotros, en situaciones o con vestimentas particulares de México. De este modo, la famosa “Catrina” despliega la cara más distinguible del arte en México y su evocación inmediata a la Revolución Mexicana.

En el país, 20 de los 32 estados celebran oficialmente el día de muertos, esto quiere decir que la mayoría de estados celebra la tradición de los muertos pero cada uno conserva sus particularidades para la celebración. Oaxaca es un estado cuyas tradiciones rituales de los muertos son excepcionales, entre ellas figuran el baile, la comida y las vigilias en los panteones, por mencionar solo algunas. Del mismo modo, esta tierra se destaca por sus expresiones artísticas, en donde las artes gráficas ocupan un lugar privilegiado. Por dichas características, no resulta sorpresivo comprender por qué una de las celebraciones más importantes de la región se funde con la expresión artística que más ha florecido, llegando a observarse ambas como componentes de un mismo fenómeno en el cual, tanto la celebración como la expresión, se nutren y enriquecen.

Un mural que representa a la Comparsa Femenil del Barrio de Jalatlaco por Bouler Oaxaca. Photo: Street Art Oaxaca / Coyote Aventuras

El tema de la muerte es recurrente en las obras gráficas en Oaxaca. Francisco Toledo tiene constantes guiños y roces con calaveras que entrecruzan sus imágenes. De manera sistemática, se pueden apreciar la reproducción de cráneos y esqueletos en los stenciles y arte urbano de diferentes colectivos como Lapiztola, Asaro y Espacio Zapata. El Dr. Lakra ha propuesto una muy interesante y provocativa actualización de “la Catrina”, además de intervenir fotografías antiguas con calaveritas en posiciones eróticas. En cuanto a las referencias al “altar de muertos”, se pueden apreciar representaciones en el trabajo de Rodolfo Morales, pero el tema ha permitido otro tipo de técnicas además del lienzo; como los montajes o instalaciones presentes, por ejemplo, en el trabajo de Carlomagno Pedro Martínez, quien incorporó la tradición en la elaboración de cerámica de barro negro de San Bartolo Coyotepec; o en el de otros artistas emergentes, como es el caso de Sabino Guisu y Boris Spider.

Dr. Lakra. Untitled (Family matters), 2012. Ink on vintage postcard (1935) Cortesía del artista y kurimanzutto, Ciudad de México, Nueva York. Foto: Estudio Michel Zabé

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