miércoles, septiembre 23

Chirias Mueres: Apostándolo todo por el son jarocho

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El juego era que todas las canicas las ponías aquí en el centro, en la rueda chica, y desde la rueda grande tú tirabas… y luego no podías tirar hacia dentro, porque decían: “¡Ya te pasaste!”, o “¡Come-manota!”… jugábamos así… éramos, vamos a decir, tres jugadores… ¡Las ganaba yo todas! Y decían: “No pues, Chirias Mueres”… ahora en el círculo pequeño metía yo mi canica, mi “tirito”… y los demás tiraban, y si la sacaban, si me sacaban a mi, yo devolvía todas esas canicas… así era el “Chirias Mueres”…

Con un café sobre la mesa y una cumbia con ritmos africanos sonando de fondo, me senté con el grupo Raíces, de música son jarocho, a platicar sobre su trayectoria, no sólo como proyecto musical, sino también como familia entregada totalmente a la música. De frente tenía a la Maestra Argelia Bautista y al Maestro Gonzalo Pérez, ambos padres de la también presente y talentosa Bibiana Pérez, acompañada a su vez por su hijo e hija.

“Gonzalo y yo,” nos platica Argelia, “somos maestros de danza folclórica. Desde soltera ingresé a un instituto de investigación, conformado por maestros, musicólogos, de toda la República, desde el ‘82… cada año nos íbamos a un estado diferente a aprender las danzas… y aparte traíamos un repertorio de nuestro estado.” Después de casarse, Argelia y Gonzalo continuaron asistiendo a los diversos congresos y presentaciones del instituto, viajes que ellos mismos tenían que financiar.

Al nacer sus hijos, se los llevaban a las presentaciones. “A veces viajábamos en tren, a veces en autobús… y había veces que ni transporte,” nos dice Argelia. “Teníamos que cargar con nuestro vestuario – huaraches, botas, los penachos… todo el material que ocupábamos –  y el de los niños, porque aunque no bailaran, había desfile”. 

Foto: HS Fotografía

Su acercamiento al son jarocho, tras salirse del instituto, no fue casualidad. Nos platica Bibiana: “Mi abuelo era músico, de la Mixteca… tocaba cualquier instrumento que le pusieran enfrente: el violín, la guitarra, el saxofón… tenía su piano, su banjo… recordamos que cuando éramos muy pequeños nos llamaba (la atención)… ya más grandes veíamos que ya lo traíamos… nada más era como pulirlo.”

Al ir conociendo más sobre este género, la familia recibe la invitación del maestro Roberto González a participar en sus talleres. “Ya es como el tío”, nos comenta Bibiana. “Llegamos a tocar a su taller de música latinoamericana en la Casa de la Cultura en Oaxaca, algunos sones, y pues nosotros bailábamos. Éramos un chorro… pero se separan casi todos del taller y se hace el grupo… ya de alli nos enfocamos totalmente al género de son jarocho.” El nuevo grupo comenzó a asistir a festivales y fandangos – encuentros entre músicos en los cuales se incorporan uno por uno a tocar juntos, improvisando versos y requintos bajo un ritmo base.

“Cuando conocimos esta música éramos chavos… Tavo (hermano) tenía 15 años, yo tenía 13, y mi hermana Argelia 8… íbamos a los festivales de son en Veracruz, encuentros de fandangueros… y una vez que ya conocimos esta música, nos interesó traerla aquí a nuestro estado, difundirla en nuestro lugar.” Poco a poco, los integrantes de Raíces comenzaron a difundir el género mediante talleres de jarana y zapateado, así como fandangos y presentaciones en diversos foros.

Foto: HS Fotografía

Además de sus tres discos grabados con sones conocidos y algunos escritos por ellos mismos, algunos miembros de la banda han desarrollado otros proyectos musicales. Un ejemplo es Alcaraván: un proyecto enfocado en acercar a niños al son jarocho. Integrado por Don Gonzalo y su hija Bibiana, junto con Dzahui Bautista, esposo de ella, retoman algunas dinámicas de los juegos de épocas pasadas para crear interacciones entre las canciones y los niños de una manera divertida y natural. “Es pensar en dinámicas, sobre todo, que les gusten”, nos comenta Bibiana. “Vamos a hacer, por ejemplo, la canción de la Iguana, y a los niños les encanta ver como Chalo se arrastra, ¡y se asustan, y se ríen! Vemos que los niños se emocionan al conocer algo a lo que no están acostumbrados.” 

De la misma manera, a través del proyecto Molcajete, incorporan una mezcla de ritmos que complementan al son jarocho, con una instrumentación variada para crear canciones propias, atractivas para un público jóven. Nos cuenta Bibi: “Ya le metemos cajón, bajo eléctrico, batería… guitarra acústica y aliento… son precisamente para bailar.”

Foto: HS Fotografía

A pesar de centrarse en son jarocho, Raíces ha logrado distinguirse dentro del gremio presentando un estilo único gracias a la incorporación de influencias musicales locales. “Tratamos de mezclar la música de nuestras regiones,” explica Bibiana. “Hemos hecho un sonecito jarocho convertido en una chilena, de la Costa…. también hemos incorporado los alientos, en honor a nuestras bandas regionales de viento.”

Raíces lo apostó todo por el son jarocho como su trayectoria artística y forma de expresión. Es posible que su trayectoria haya comenzado en el baile, pero después de los encuentros con otros artistas, tradiciones regionales y músicos – siempre acompañados de sus hijos – encontraron la manera de transmitir la cultura oaxaqueña a través del movimiento, pero también a través de canciones, letras y ritmos. “A nosotros nos interesa que el público se sienta contento, y que nosotros los disfrutemos… que estén cerca, en el corazón… tener este acercamiento con la gente, a través de la música, para nosotros es increíble.” 

Pueden encontrar a Raíces actuando y compartiendo son jarocho en muchos lugares y festivales en todo Oaxaca, pero su sede principal se encuentra en Venadito Espacio CulturalVenadito Espacio Cultural, en la Panorámica del Fortín.

Foto: HS Fotografía

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